En esta ocasión James Wan aparca el torture porn de Saw (2004) para adentrarse –al menos en la forma- en el subgénero de las casas encantadas, donde se deja ver sobre manera la mano del productor, Oren Peli, director de Paranormal activity (2007) y productor de su secuela.
Fuera ya de la estética found footage, Insidious es básicamente un film de espíritu clasicista que sin ser un alarde de originalidad sabe aportar pequeñas dosis de elementos sorprendentes en su mayoría importados de otros géneros. Wan retoma el gusto por el grand guignol que ya exploró con más pena que gloria en Silencio desde el mal (2007) pero que encaja bastante bien en la película e incluso compensa su horrible fotografía (había veces en las que llegué a creer que la película era en 3D y nadie me había dado las gafas).
Aunque no es el motor de la película, ni mucho menos su único recurso, Insidious juega al susto efectivista, no importa lo esperado o fácil que sea., porque Wan parece conocer muy bien la mecánica del género y al final consigue hacerte saltar en tu butaca.













