Rob Epstein y Jeffrey Friedman (El celuloide oculto, 1995) se apuntan a esta moda tan de agradecer con Howl, un documental experimental que narra el juicio contra el editor de Allen Ginsberg a raíz de la publicación del poema que da nombre a la película. Epstein y Friedman recrean el escándalo que causó Aullido y se acercan a la figura y alma de Ginsberg, encarnado por un James Franco que lo borda tanto en físico como en dicción, con un discurso fresco y novedoso. El documental se construye intercalando escenas sobre el juicio, la representación de una entrevista personal de Allen Ginsberg, su primera lectura pública de Aullido en San Francisco y unas cuantas secuencias de animación que intentan adaptar el poema.
Esta estructura tetraédrica realmente funciona: Epstein y Friedman combinan los escenarios sobresaturados de color de las secuencias del juicio y la entrevista, donde verdaderamente avanza el film y nos encontramos cara a cara con el genio, la motivación y la angustia de Ginsberg, con escenas deliciosas en blanco y negro, sin más motivación que la estética, del primer recital de Aullido en San Francisco.
Sin embargo, la que quizá sea la parte visualmente más espectacular, es la que menos acaba de encajar en el film. Las escenas de animación realizadas por Eric Drooker, aunque bellas y poderosas la mayoría de ocasiones, plantean una adaptación extremadamente literal del poema que, altamente simbólico apenas cuenta con episodios narrativos, haciendo que su plasmación literal en imágenes resulte ingenua o hasta ridícula. Un intento fallido de mostrar de otro modo la poesía de Ginsberg, que por fortuna no acaba por deslucir del todo el resto del documental por lo demás es ciertamente notable.













