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La Ultima Y Nos Vamos

La Ultima Y Nos Vamos

María Ruisánchez y David Alfaro

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El gotero hacía un ruido casi inapreciable, pero él podía oírlo en el inmenso y frío silencio de aquella habitación. Iba a morir, como tantos otros habían muerto antes. Iba a morir postrado en una cama, muy lejos de casa. Ni siquiera podría teñir con su sangre el suelo de su patria. Su patria… Su patria intermitente, su patria usurpada, quemada, bombardeada, devastada, humillada… Su patria…

Arrastra los pies callados, / levanta digno las suelas, / camina, niño, camina, / a buscar otra vereda, / en un pasado olvidada, / en un futuro que espera. No mires más, no les mires, / que muere la luna bella, / que lanza el jazmín sus alas, / que un amante nunca espera / sentir lo que nunca siente / quien no sabe ver estrellas.
No corras, niño, no corras / deja morir la vereda / cerca del último olivo, / no sufras que el alma riega / las grietas de éstas, tus manos, / la mirada en duermevela, / el miedo de esos sus ojos / si sueñan que te despiertas.

Agatha Christie no murió de una puñalada en el pecho, ni envenenada al comer una pasta de té, ni fue descuartizada, ni su cadáver fue enrollado en una alfombra y enterrado en la jardín de una mansión. No, falleció por causas naturales cuando ya era una octogenaria. Pero, años antes, en 1926 se temió por su muerte, al desaparecer sin dejar huella durante once días.

 

Le metí dos dedos en la vagina por inercia, con la frialdad y destreza de quien limpia un calamar. Respiré lo que creía era aire limpio, sin darme cuenta del tufo que había dejado en el ambiente. Siempre había soñado con morir de forma repentina, algo absurdo en todo caso, ya que la muerte no se prevé, sólo sucede.

La ginebra agita sus olas contra las paredes transparentes del vaso, sin llegar a rebasar su borde. Sujeto por una mano de mujer, arrugada, de venas abultadas y azules, el vaso permanece fijo sobre la melena alborotada, y plagada de canas de una cabeza que a su vez se apoya contra la pared.

¿Te han contado la del hombre que se puso a jugar a Guillermo Tell con su mujer y falló?

Vuela el humo en un vagón de tercera, // donde pisa Yagüe no corre tinta, // qué cruel es el juego cuando pinta // en espadas cerca de la frontera.

Ernest Hemingway falleció el 2 de junio de 1961. Acababa de volver a casa tras ser tratado con electroshock durante varias semanas. Estaba trastornado y casi no sabía quién era. Hemingway se sentó en el porche, dejó que el día amaneciera y destrozó su rostro con una escopeta. En su mesilla de noche estaban los billetes para viajar a Pamplona tres días más tarde. Fue enterrado el 7 de julio, día de San Fermín. Ese mismo día, uno de sus dobles más famosos fue visto vagando por los bares de Pamplona, iba borracho y repetía como una letanía: “Yo soy él”, “yo soy él”, “yo soy él”. “Yo soy él”.

 

Fragmento final del cortometraje documental “Notes on the other”.

Dirigido por Sergio Oksman.

Escrito por Carlos Muguiro y Sergio Oksman.

La taza era transparente. Al contacto del agua caliente florecieron las hojas sin flores, desenrollando sus largas y verdosas ramificaciones en mi taza de cristal. Mientras yo pensaba en ti, en nosotros, en quemarte, conservarte o encerrarte en mi ficción, las hojas se desenrollaban flotando al fondo de mi taza y el vapor llegaba a mis manos, empañando la línea de la vida. Empañando nuestro destino, y borrando de un plumazo, el tuyo, amor, y con él también la línea de mío.

PARTE 1: ¿FUE ANTES LA MUERTE O EL ORÁCULO?

No hay nada peor que ser puntual. Sin embargo, es sabido por todos que la gente de impronta desdeñable y carácter baboso, cuanto más tarde lleguen a sus citas, menos tiempo habrá que aguantarlas. Este caso único de lógica deductiva es muy aplicable al mundo de los oráculos. No sólo se refiere el caso práctico a los oráculos televisivos, ya que con mantener la tele apagada, aguantando la pulsión mirando el reflejo de la propia imagen sobre la pantalla, bastaría, sino más bien está pensado para los oráculos de la Grecia de los tiempos de Esquilo, los que vaticinaban la muerte. Si van a decirte que vas a morir, habiendo sido el inventor de la tragedia, sólo te habrían quedado tres opciones a elegir antes de la consulta, a saber: 1- Haber llegado tarde. 2- Haber dado muerte al oráculo antes de la predicción. 3- No haber inventado la tragedia.

 

Hay que resaltar que en el punto tres hubieras muerto de todas formas. Con más sonrisas como herencia vital, pero muerto a fin de cuentas. De lo que se deduce que el oráculo fue antes que la muerte ajena. Si no, nunca hubiera podido predecirla.

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