Zoraida Zaro (1980) se licenció en Bellas Artes en la Facultad San Carlos de la UPV de Valencia habiendo pasado anterior y fugazmente por la Escuela de Artes y Oficios y la Escuela Pública de Artesanos. Entre otras muchas cosas que no tienen absolutamente nada que ver ha trabajado (también fugazmente) como animadora, se llevó una mención de Diseño Gráfico en el Valenciacrea del 2007, publicó unas cuantas cosas en el tomo "Desde el Abismo" de Viaje a Bizancio Ediciones, se ha peleado con sprites de zombies pixelados para The Zombie Game Experiment, ha hecho algún cartel para conciertos, diseños para grupos, camisetas y lo que le echen, aunque lo que en realidad le gusta es la ilustración, así, sin más. Y a mucha honra.
El primer planeta de tu universo ...
He llevado un lápiz en la mano desde que me alcanza la memoria, probablemente antes también, pero hasta ahí no llego. De pequeña solía dibujar lo que veía y me llamaba la atención en el primer papel que me encontraba, no me paraba a pensar si ese papel tan estupendo era una factura con papel de calco incorporado o una nómina que se habían dejado descuidada mis padres por ahí... Mis padres me tuvieron muy jóvenes y a los dos les gustaban los cómics, que estaban mezclados en el mismo revistero que mis cuentos infantiles, lo cual fue una suerte para mi, que lo mismo me podía entretener dibujando una continuación de “El gato con botas” que una de una historieta de los Freak Brothers. Por aquel entonces aún no sabía leer y procesaba toda la información visual como podía; Recuerdo que había un ejemplar de la “Star” con un pato Donald con metralleta en la portada y que cuando le pregunté a mis padres por qué no salía así en los dibujos de la tele, me dijeron que es que llevaba una doble vida para costearse los gastos. A partir de ahí empecé a pensar que los dibujos tenían vida propia y que de alguna forma, al ponerlos sobre papel, era como hacer una foto de una realidad paralela. Cosas de críos...
¿Eres un amante correspondido?
Como en todas las relaciones, hay momentos buenos, de desenfreno creativo, y menos buenos, con sus dudas, crisis, ofuscaciones y broncas con reconciliación. Me he encontrado con algunos encargos y puestos de trabajo que al principio me ilusionaban porque significaba que había alguien que estaba interesado en que trabajase para él después de haber visto lo que hago, pero luego me encontraba con que la idea con la que tenía que trabajar no me motivaba en absoluto y hacía aquello a trancas y barrancas, con un resultado bastante justito... No hay cosa más chunga que odiar lo que estás haciendo, y eso se nota, hasta tal punto que en uno de esos sitios sólo duré un mes (la única vez que me han despedido) y bien que me alegré... Al mes siguiente de aquel despido me concedieron una mención de Diseño Gráfico en el Certamen Valenciacrea, cosa que en cierto modo fue como un toquecito en el hombro para que pensase “bueno, no es tan grave, va a ser que efectivamente el lerdo era mi ex-jefe”... Me alegro como un crío a la salida del colegio cada vez que alguien se interesa por mi trabajo, me paso casi todo el tiempo garabateando y apenas me promociono, lo de venderme no se me acaba de dar, así que cuando alguien se pone en contacto conmigo porque le interesa lo que hago, para mi ya es un premio gordo. A raíz de eso a veces surgen cosas como el voto de confianza que me dio Jose Mª “Yorkshire” cuando montó la editorial “Viaje a Bizancio” y quiso que participase en el tomo “Desde el Abismo” y acabamos en el Salón de Cómic de Granada con un señor haciendo cola en el stand que no nos conocía de nada pero quería un dibujo “porque éramos dibujantes y eso ya es bastante...” En esos momentos no sólo te sientes amante correspondido, si no que además piensas que tu novio es el más guapo de todos, aunque dos días más tarde lo quieras matar porque no sale ni una línea buena del lápiz.
El placer y el dolor…
El placer surge a medida que surgen los dibujos, o al menos en mi caso, ya que dibujo en parte porque me gusta y en parte porque no lo puedo evitar, supongo que es un caso clínico de onanismo a nivel gráfico. La primera satisfacción nace ahí, cuando la maraña que tienes en la cabeza empieza a tomar forma. Indudablemente, que otros valoren lo que haces también es fuente de satisfacción, aunque siempre hay que tener medio dedo de frente y ponerse autocrítico, todos tenemos a alguien que nos aplaudiría por hacer una mierda pinchada en un palo y tampoco es eso. Las frustraciones son inevitables también: A veces son fruto de esa misma autocrítica, lo que no deja de ser un digno de buena salud, pero hay que encontrar un punto medio para no pasarse el día autoflagelándose ni dándoselas de artista de la pista de incontestable talento, ninguno de esos extremos es un buen lugar donde aparcar. A veces uno también se siente frustrado cuando mira algo que le parece maravilloso y piensa que no llegará a ese nivel en la vida, pero hay que sobreponerse e intentar tirar p'alante. También hay un tercer tipo de frustración inevitable que surge cuando te encuentras con que lo que hace mengano, que es infumable, te lo venden como si fuese el no va más. Los que nos pasamos el día en la cueva enredados con los trastos de dibujar nos olvidamos de que hay un buen porcentaje de esto, si pretendes vivir en algún momento de ello, que tiene que ver más con las relaciones públicas que con la calidad.
Tus colonias, ungüentos y afrodisíacos
Hay quien no puede dibujar si le falta algo en el estuche, yo no puedo ponerme con todas las letras si no tengo café y tabaco. A no ser que vaya a hacer algo muy concreto, casi nunca hago bocetos previos ( y mira que me da para arrepentirme, pero no me nace). No me suelo plantear por qué lo hago así o asá, voy haciendo y quitando o añadiendo sobre la marcha, cuando el puzzle finalmente va encajando es uno de esos momentos de placer de los que se hablaba antes. A veces no sé muy bien qué es lo que pretendo sacar y entonces me saturo de cosas que pueden tener que ver o no (ciertos discos, vídeos, ilustraciones, películas, fotos...cualquier cosa) hasta que algo en la cabeza hace “clic”. La primera persona que ve lo que he hecho es quien tengo más cerca, mi pareja, que como no tiene el ojo ni la cabeza tan saturados como yo sabe señalarme cosas que se me pueden haber escapado. Si quiero una segunda opinión le doy la brasa vía messenger a Luis NCT, al que conozco desde antes de la facultad y es un fiera.
Signos, lenguaje, mirada universal.
Por lo general lo que hago son imágenes que me vienen a la cabeza de pronto, a veces por asociación con otras cosas y otras veces por las buenas, sin más. A veces corresponden a estados de ánimo personales y otras sólo los recrean sin que tengan nada que ver conmigo. Suelo mezclar medios tradicionales con digitales (antes era bastante ludita, pero me rendí a la evidencia de que el PC es un medio, no un fín). Me han preguntado varias veces por qué muchas de las cosas que hago flotan o vuelan, pero no tengo una respuesta lógica, es algo que llevo haciendo siempre y en mi subconsciente las cosas funcionan así, flotan y ya está. Cuando estaba en la facultad un dibujante profesional me dijo que se notaba que yo era estudiante porque no tenía un estilo propio definido. Aquello me tocó bastante el ego, que por aquel entonces lo tenía tierno, pero pasado un tiempo llegué a la conclusión de que lo que me interesa es tener el mayor número de registros posible y que encerrarme en una única forma de hacer las cosas es tan absurdo como empeñarme en no hablar otra cosa que no sea el castellano.
Vende tu alma al diablo.
Vendo alma usada con multitud de bolsillos interiores a cambio de tener cuatro brazos con sus correspondientes conexiones neuronales, a saber: Uno de Moebius, otro de Dave McKean, otro de Gondry para hacer stop-motions locos y otro de Ashley Wood. El lote de brazos debe de incluir al menos un editor del mismo modo que mi alma incluye, al menos, un agujero.
¿Futuras misiones para la nave espacial?
Lo más inmediato es acabar el diseño para el CD del grupo Argent y una serie de ilustraciones para camisetas para Mike and Joe. Misiones a nivel personal (aparte de seguir dándole al lápiz), sacar adelante una serie de proyectos que tengo en mente (algunos desde hace demasiado tiempo) e intentar encontrarles un hueco en el mundo (leáse encontrar editores/ publicadores).
KALASNIKOF
Su primer pensamiento matutino:
¿¡Café?! ¡Café!
Esa imagen (un cuadro/fotografía/póster/mural/cartel/imagen) que podría pasarse horas (ad)mirando:
Hace unos años tuve la ocasión de ver la Ofelia de Millais al natural y me pasé una hora y cuarto de reloj en la sala. Pero me emparro con facilidad cuando encuentro algo que me gusta.
Algo para hacer a cualquier hora:
Café, si es con alguien, mejor.
La primera vez que leyó un ejemplar de Vulture (¿cómo cayó en sus manos?):
No sé cuántos años hace pero deben de ser bastantes, porque era cuando salía por el Carmen y volvía a casa por la mañana con un Vulture y un Monográfico en la mochila.
La mejor película de su videoteca:
“Buenas noches señoras y señores”, con Mastroianni con cara de póker y Tognazzi llorando al oír “filete”. “El juicio universal” de Sica también me parece grandísima.
Un ídolo:
Ídolos no, que son de cartón y tienen los pies de barrio. Hay mucha gente a la que admiro, personas y personajes.
Un libro para releer:
“Peleando a la contra” de Bukowski , “Gormenghast” de Mervyn Peake y “La conjura de los necios” de Toole.
Un sueño recurrente:
Parajes boscosos con enormes y extrañas esculturas de piedra, grandes extensiones de agua de las que emergen esfinges rarísimas. Se lo conté a un amigo y me enseñó fotos del jardín de Bomarzo, nunca he estado allí pero por ahí van los tiros.
Su tesoro más preciado:
Unas cuantas personas.
Su merienda favorita:
Café y tabaco.
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