Para plasmar su idea de arcología (unión de ecología y arquitectura) este matrimonio visionario decidió plantarse en medio del desierto de Arizona y se puso manos a la obra: allí plasmó lo que el consideraba que era la ciudad perfecta, sostenible y capaz de albergar a miles de personas (entre 3.000 y 5.000) en un espacio mínimo y optimizando recursos. En definitiva, una alternativa a las grandes ciudades masificadas que no respetan su integración con el medio ambiente.



Hoy en día apenas se ha construido un 3% del proyecto y son pocos los que viven en Arcosanti (unas setenta personas). Aún así, la ciudad incluye laboratorio, un anfiteatro, una fundidora, una piscina y el centro de música Colly Soleri. Sin embargo, económicamente, el proyecto no está muy respaldado y se resigna a crecer poco a poco con las donaciones anónimas y el turismo.














